Me da la impresión… 

Uno de los rasgos más repugnantes de la guerra es que toda la propaganda bélica, todos los gritos y las mentiras y el odio provienen siempre de quienes no luchan. 

George orwell, Homenaje a Cataluña.

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La Calumnia de Apeles.

La Calumnia de Apeles o solo La Calumnia es una obra pictorica del maestro renacentista Sandro Boticelli en el año 1495, pintura al temple sobre madera que mide 62cm de alto por 91cm de ancho.

Boticelli (1445 – 1510) artista que evolucionó a un estilo naturalista sus obras conjugan la perfección y la destreza con un amable y grato colorido.

A la izquierda del cuadro aparece el rey, quizás el rey Midas, quien será el encargado se dictar la sentencia, rodeado por dos figuras femeninas con los rostros distorsionados que le susurran maldades en sus enormes orejas de burro estas son la sospecha y la ignorancia.

En el grupo central se encuentra un figura masculina representando el rencor, que lleva de la mano a una imbecil joven que representa la calumnia, ajena a todo el ajetreo de su alrededor y en la mano porta una antorcha que hace referencia a como la mentira se extiende con la misma facilidad que el humo. 

Adornando sus cabellos con una cinta blanca aparecen la envidia y el fraude. La calumnia arrastra al condenado que aparece desnudo ya que su inocencia se traduce en el hecho de que no tiene nada que ocultar.

En la derecha, una figura femenina y desnuda, señalando al cielo indica que es alli donde realmente se hará justicia, esa es la verdad, emanando de ella una luz brillante que se extiende por toda el lugar, y a su lado aparece una anciana vestida de negro que se gira para mirar a la verdad, que es la penitencia.

La Conspiración de los Cucarachos

Para el lector; Desde los simples acontecmientos de la vida cotidiana nacen las historias que nos refugian de las inclemencias que arrementen en contra de nuestra existencia, las luchas, las derrotas y las batallas, enfrentadas ahora con las fuerzas de un nuevo dia para alcanzar la victoria.

Doy a ustedes estas palabras con sinceridad.

Juan Fernandez.

 

***

Estaba el vagabundo aún  hambriento, con su larga y espesa barba tan curtidas que era difícil apreciar las canas y su verdadero color, todavía emanaba el olor a queso rancio en salsa de ajo que había hecho parte del banquete de la noche anterior, su cara con piel ajada y arrugada de tono traslucido que resaltaba las órbitas de sus ojos saltones y chispeantes, cubierto de espesas vestiduras ya bastante roídas por las inclementes condiciones a las que eran sometidas cada noche, pero el hecho de volver despertar en cada amanecer tibio y respirando, daban crédito a la efectiva selección de su rudimentario atuendo, calzaba unas robustas y pesadas botas, con overol color índigo, que por su apariencia podría jurar que eran por lo menos dos, uno sobre otro, vestía también una chaqueta de capucha color verde aceituna con la que mantenía cubierto parte de sus largos cabellos, cubría todo su cuerpo bajo un abrigo de color gris que mantenía abotonado hasta la solapa, atado a su cintura con la ayuda del cinturón, y con el cuello desdoblado hacia arriba. El olor a ajo le hacía recordar la noche anterior en el callejón, concluyendo por su propia experiencia, que todo en la vida viene adobado con una pizca de ironía, con cierta indiferencia se burlaba de la miseria de su humanidad, y mientras caminaba iba silbando aquella  canción “don’t worry…  be happy”

El callejón estaba lleno de amplias charcas de aguas lluvias que se acumulan en los baches, siempre ha sido un callejón oscuro y húmedo, un austero callejón que poco refugio podría ofrecer a los transeúntes vagabundos de la noche, pero ahora, los propietarios de un nuevo restaurante que había sido inaugurado la semana anterior, han iluminado la parte del callejón que ofrece la salida a la avenida principal, han instalado también un nuevo gran contenedor de basura, fabricado en polímero de color verde y que todavía huele a nuevo, los empleados del restaurante sacan la basura, desechos, desperdicios y sobras, esto lo hacen cada madrugada entre la una y las dos de la mañana, dando la oportunidad a nuestro amigo vagabundo de explorar en aquellas exquisitas y dulces riquezas que podría ofrecer el enorme contenedor, el camión de la recolecta llega siempre alrededor de las cuatro de la mañana, tiempo de sobra para disfrutar del aleatorio e incierto menú.

Era todo aquello un territorio virgen, para aquel infortunado, la austeridad de los tiempos pasados había desesperanzado a cualquier habitante de la calle de encontrar en este sitio algo de confort o refugio, pero para aquel vagabundo este era un hallazgo, un tesoro, algo que merecía proteger de los oportunistas que deambulan como aves de rapiña nocturnas, silenciosas, ocultos entre las sombras, sensibles al menor ruido, como aquellos que cuando carecen de algo, están esperando encontrarlo en las manos de alguien para arrebatárselo.

La última semana ha sido confortable y hasta placentera, porque cada noche después de un generoso banquete, enciende un habano barato, que compra con el dinero colectado durante el día, la única preocupación cotidiana de aquel vagabundo, su vida está resuelta.

Cuánto puede durar la felicidad, el placer de sentirse satisfecho con las oportunidades de nuestro mundo, quizás aquel vagabundo había encontrado su armonía con el universo, solo bastaba seguir seco cálido y respirando, encontrar un lugar en el basto infinito, para en ese instante agradecer a la vida y al universo por todo lo ofrecido, la escasez y la abundancia.

Era una noche fría y húmeda las lluvias del día habían dejado los charcos rebozados de agua y el aire limpio recorría el callejón, pocos clientes frecuentaron esta noche el restaurante, quizás el frío o la amenaza lluvias llenaron de argumentos y pretextos a los clientes esta noche, como es usual los empleados del restaurante depositaron la basura a la misma hora, eran las dos de la mañana, el vagabundo esperaba oculto entre las sombras, sentado y acurrucado como tratando de mantener el calor con ayuda de su propio cuerpo, el golpe del seguro detrás del portón del restaurante anunciaba la apertura del comedor de nuestro amigo.

Una  sonrisa se dibujó en su rostro con aquel golpe del portón,  que anunciaba la bienvenida a nuestro comensal, sonrió acariciando su larga barba desde arriba hacia abajo, se levantó majestuoso,  y mientras se acercaba caminando al verde contenedor, empezaba a frotar sus manos invadido por la alegría del que tiene la seguridad de saciar su hambre con exquisito paladar, levanto con mucha calma y despacio la tapa del contenedor, con la delicadeza del que prepara la mesa, retiro las bolsas de la basura una a una, en absoluto orden retirando primero la bolsa de la parte superior, cuatro bolsas había contado al empleado depositar dentro del contenedor, y cuatro bolsas retiro del contenedor.

Con la paciencia de un maestro y con la curiosidad de un niño, abrió la primera bolsa, estaba llena de desechos de baño, detergentes y restos de comida colectados del fregadero, una sonrisa retorcida arruga una parte de su cara, mientras se escapó un quejido de su garganta, sin desordenar el contenido volvió a atar aquella bolsa y la coloco en el interior del contenedor, tomo la segunda bolsa y encontró restos de papelería, cartones y algunos envoltorios de diferentes productos, la sonrisa de su rostro se iba desvaneciendo, ahora el rictus de su boca parecía encogerse dejando una sensación de amargura y desesperanza, con premura amarro la bolsa y la coloco dentro del contenedor, un halo de frustración invadió su mirada, miro hacia las dos bolsas restantes, temeroso se mostraba indeciso de cual bolsa tomar para abrir, con trémula mano y como suplicando al cielo tomo la tercera bolsa, movía rápido sus labios con una imperceptible voz, como aquel que habla para sí mismo.

Abrió la tercera bolsa, sus labios, su voz y su mirada se detuvieron, congelado por un instante, como si alguien detuviera el tiempo, la alegría, el color y la risa llenaron su rostro, ahora con frenesí y con ambas manos acariciaba su bigote y su barba de arriba hacia abajo. Con cuidado empezó a sacar el contenido de la bolsa, encontró una rebanada de carne en conservas a medio comer, también habían restos de queso de coliflor adornados con tocino crujiente, y algunas papas hervidas, su boca se hacía agua, siguió hurgando en el fondo de la bolsa y encontró algunos trozos de pan, algunas rodajas de pan rebozadas con abundante  jalea de fruta, jamón, tocino y un revoltijo de lo que fuera una ensalada de atún.

Acomodo esta bolsa junto a él mientras apresurado pero con cuidado abría la última bolsa, no había más que desechos plásticos, de esta bolsa saco un recipiente plástico aplanado y lo coloco dentro de la tercera bolsa, ato la última bolsa y la deposito dentro del contenedor.

Tomo la tercera bolsa y después de cerrar la compuerta del contenedor se alejó del callejón, contento caminaba contoneándose, volvía a entonar el silbido de aquella pegajosa canción, así se fue alejando hasta su sitio predilecto para su cena, se dirigió caminando a una apartada plataforma de descargue de una lavandería cerca del restaurante, se acercó al borde de la pared y metiendo su brazo por una ranura entre dos muros halo un pedazo de cartón, con el que sin soltar la bolsa sacudió en el piso de la plataforma, dejo caer el pedazo de cartón y se sentó a un lado dejando la bolsa sobre el mantel de cartón, abrió la bolsa y extrajo el recipiente plástico que coloco bien cuadrado como quien ajusta el mantel sobre la mesa de un suntuoso restaurante, sobre aquel recipiente coloco los restos tratando de organizarlos de una manera elegante sobre el recipiente de plástico, la rebanada de carne en el centro, a un lado el trozo de queso coliflor, con las papas a medio comer, la rodaja de pan estaba intacta salvo por el mordisco, la abundante jalea se había regado y mezclado en parte con la ensalada de atún, la que colecto y la sirvió a un lado del recipiente, era todo un banquete digno de un rey, sus ojos chispeaban como de costumbre y sus manos ahora jugueteaban la una con la otra, mirando al cielo daba las gracias y como sin saber por dónde empezar, tomo con la punta de sus dedos la jugosa carne y dio un mordisco, no un gran mordisco, no un pequeño mordisco, fue un mordisco del que ha agradecido cada noche a el hambre en su cuerpo, con la rodaja de pan aprisionaba el revoltijo de ensalada y jalea de mora, para engullir un buen bocado, el jugo que brotaba con los mordiscos se escurría por sus largas barbas y dejaban caer unas cuantas gotas sobre el cartón, las migajas caían y rodaban impulsadas por el viento de la noche, mordisqueando de esto y de aquello fue saciando su apetito, devorando todo a comedidos pero imparables bocados. Después de haber terminado, observaba las yemas de sus dedos, lamiendo con su lengua los restos de salsa adheridos a ellos.

Contento su corazón, inspiraba una profunda cantidad de aire que expandía su tórax hasta el límite para luego de una pausa, exhalar despacio el aire, como acomodando sus entrañas, saco un sucio pañuelo del bolsillo de su abrigo y sacudió el recipiente donde había servido su cena, algunas migajas se sumaron a las regadas en el sito, tomo luego la bolsa que todavía contenía algunas basuras de cascaras de papas, residuos de vegetales marchitos y residuos malolientes y la coloco a un lado, levanto el cartón, lo sacudió y junto con el recipiente, los doblo y los oculto entre grieta de los dos muros, metiendo el brazo se aseguró de acomodarlos a su alcance, asió la bolsa de plástico con los residuos y la deposito en un bote de basura que estaba a un lado de la plataforma.

Camino despacio hasta un rincón cerca de una salida de aires calientes provenientes de la lavandería allí se sentó sobre el piso, recostando su espalda en el muro, placido y complacido saco un puro de uno de sus bolsillos y lo coloco entre sus labios, con la otra mano, y del otro bolsillo saco un encendedor y dio lumbre al habano barato, la primera bocanada de aquel tabaco la contuvo por unos segundo antes de dejar escapar el humo por su boca, sus ojos miraban fijamente la nada, allí repitió el mismo movimiento hasta terminar el tabaco, ya casi terminando lanzó la cabeza residual del tabaco a una charca, un espeso y abundante escupitajo dio por terminado el rito, ahora aquellos ojos chispeantes dejaban caer sus pesados y pestañudos parpados, el vagabundo fue dejando rodar su cuerpo hasta quedar extendido sobre el suelo en sueño profundo, su cuerpo ahora yacía dormido sobre la rejilla de las cloacas que se encuentra cerca de salida de aires calientes y húmedos provenientes de la lavandería, el vagabundo se acurrucaba en el piso como queriendo mantener todo el calor con la ayuda de su propio cuerpo.

Las cucarachas que también exploraban los botes de basura en busca de su alimento se movían cautelosas entre la oscuridad por los rincones de las viejas edificaciones entre las fisuras de las paredes, siempre celosas de su presencia, ahora la rejilla de acceso sostenía el plácido sueño del vagabundo algunas de las cucarachas que iban saliendo por las rejillas que estaban libres se acercaban a explorar los alrededores de aquel vagabundo, atraídas por el olor de aquellas espesas barbas, promesa de un exquisito banquete, subían por su rostro y se acumulaban alrededor de sus bigotes y barbas, extrayendo los residuos y migajas de comida acumulados en la comisura de sus labios, en la punta de sus bigotes y en la caída de su barba, muchas de ellas recorrían el cuerpo recorriendo las fuentes de aquellos exóticos olores y sabores, por sus manos recorrían una decena de ellas que se peleaban para trepar hasta las puntas de sus dedos que conservaban una abundante cantidad de comida, hurgabán también entre sus uñas, era tanto el derroche y el festín que algunas cucarachas ya satisfechas regresaban a la colonia con el único afán ahora de beber un poco de dulce agua en las aromáticas cloacas.

Cucaracheto un rudo cucaracho se disponía en salir a explorar en busca de su alimento, incómodamente salió por los pequeños espacios restantes de la rejilla, logro salir a un lado del cuerpo del vagabundo, muchas cucarachas regresaban a su albergue después de haber saqueado al vagabundo.

  • ¿Por qué regresan tan pronto?

Pregunto Cucaracheto a uno de los cucarachos.

Con toda tranquilidad y afabilidad contestaban a su pregunta un grupo de cucarachos que marchaban juntos:

  • Bueno ya hemos comido suficiente y ahora tenemos sed, regresamos a tomar algo de agua.

Cucaracheto replico:

  • Pero aún es muy temprano para regresar a la colonia, debemos continuar explorando.

Loa cucarachos haciendo caso omiso a las palabras de Cucaracheto, continuaron su camino hasta los confines de la cloaca.

Cucaracheto anonadado contemplo la gran cantidad de blatodeos que se  agolpaban en conseguir sin mucho esfuerzo una generosa cantidad de alimento.

Casi como enmudeciendo dijo:

  • ¿Pero… qué están haciendo? ¿Qué está pasando aquí?

Cucaracheto en un violento arrebato se atravesó en el camino de uno de los cucarachos, con la ayuda de su enorme cuerpo que excedía el promedio de los cucarachos y que le confería  poder y respeto entre los cucarachos de la colonia lo detuvo, con pose autoritaria entrecruzó sus patas delanteras y preguntó al cucaracho:

  • ¿Qué haces? ¿Por qué regresas tan pronto?

El cucaracho con la parsimonia del que nada debe y nada teme, le contesto:

  • Mi estómago está a rebosar, he tragado mucho, sabes, alcanza para todos, deberías aprovechar el festín.

Cucaracheto enfurecido exclamó:

  • ¡Esto no está bien!

El cucaracho se hizo a un lado y sin comprender a Cucaracheto se alejó de él continuando su camino, mientras continuaba su camino miro dos veces de reojo hacia atrás para observar a Cucaracheto.

Cucaracheto furioso dio media vuelta y se apresuró a adentrarse en la colonia, con paso veloz arremetiendo contra todos los que encontraba a su paso, iba empujando a lado y lado a todos los que atravesaron su camino, mientras corría un cucaracho joven, de cuerpo pequeño y color claro empezó a corres detrás de él, aquel cucaracho era Cucarachín, mientras corría detrás de Cucaracheto gritaba;

  • ¿Qué ha pasado Cucaracheto? ¿Por qué tanta prisa?

Cucarachín que siempre soñaba con ser tan grande como Cucaracheto lo admiraba al punto de mitificarlo, imitando el comportamiento y la altivez de Cucaracheto, con la esperanza de algún día llegar a ser como él.

Cucaracheto sin detener su paso respondió;

  • Tenemos que ir donde Cucarachón, esto está mal, esto amenaza la colonia.

Cucarachín se unió al veloz paso de Cucaracheto, mientras  Cucaracheto continuaba empujando a quien encontraba en su paso, Cucarachín sorteaba no tropezar con quienes quedaban atravesados en el camino, apresurados llegaron al centro de la colonia.

Cucaracheto entro a una pequeña cueva de la colonia, Cucarachín con la respiración agitada por el apresurado paso de Cucaracheto trataba de conservar el ritmo y el paso, así mantuvieron su paso hasta llegar a los aposentos de Cucarachón, Cucarachón era el mas viejo, el más grande y el más fuertes de los cucarachos, todos en la colonia lo respetaban y este era el puesto al que Cucaracheto sentía que estaba llamado a continuar. Cucarachón estaba rodeado de algunos cucarachos, en una especie de reunión crepuscular, cuando de repente, Cucaracheto irrumpió bruscamente gritando:

  • ¡Cucarachón…! ¡Cucarachón!

Exaltado, con gesto irritado y estentórea voz que retumbó  la maleable consistencia de la colonia, Cucarachón contesto:

  • ¿Qué ha pasado?

Cucaracheto extasiado por un cóctel de primitivos impulsos y emociones, alegaba a todos los presentes en el recinto:

  • ¡Tenemos que planear el ataque, nos amenazan, toda la colonia está en peligro! Decía Cucaracheto.

 

  • Explícate… espeto Cucarachón.

Cucaracheto después de haber recobrado un poco la calma y el aire dentro del torax, inicio su intervención con estas palabras:

  • Es aquel vagabundo, ha regresado esta noche y a cubierto gran parte de nuestra salida, apoderándose de nuestro principal fuente de calor. Ahora nadie se esfuerza en conseguir comida, prefieren alimentarse de su inmundicia, de los residuos de su boca, de sus manos y migajas de las porquerías que ha comido esta noche que ha dejado esparcidas en todo el suelo, pronto consumirá y contaminara todas nuestras fuentes de alimento, ahora amenaza con bloquear nuestra entrada de aire, para contagiarnos con sus enfermedades, poniendo en riesgo la continua existencia de la colonia.

Todos los cucarachos quedaron estupefactos al oír las palabras de Cucaracheto, sintieron un miedo que le congeló hasta el apéndice, clamaron entonces todos en un solo grito:

  • ¡Destruyamos al enemigo!

Cucarachón con aire de pensamiento profundo empezó a acariciar con las patas delanteras sus largas antenas, los cucarachos allí reunidos, todos silenciosos esperaban con angustia las palabras de Cucarachón, mientras que Cucarachín se resguardaba con sigilo a la retaguardia de Cucaracheto quien sostenía la mirada fija sobre Cucarachón.

Después de algunos meditabundos instantes Cucarachón dijo:

  • Tenemos que defendernos… dijo con una delgada voz, como aquel que habla para sí mismo, inaudible al público o al escenario.

Todos los cucarachos presentes se miraron unos a otros en espera de alguna intervención, pero ninguno dijo nada. Cucarachón miro hacia los presentes pero ahora ninguno lo miraba, levanto sus patas delanteras y elevando sus antenas grito;

  • ¡Vamos a defendernos y a defender la colonia!

La decena de cucarachos presentes estallaron cual multitud enardecida, vitoreando la decisión de Cucarachón.

  • Si… si… vamos… si… respondían ahora los cucarachos enardecidos.

Salieron Cucarachón, Cucaracheto, Cucarachín, seguidos por una decena de cucarachos que celebraban su fatal convicción, toda la colonia los observaba marchar con aquella devoción del que lucha por una causa superior, las ninfas los observaban con incertidumbre desde las orillas de la colonia, algunos huevos iban eclosionando dando paso a la salida de diminutas cucarachas blanquecinas que parecían crecer a la velocidad del tiempo. La turba de enardecida de cucarachos continuaba su avance en pie de guerra contra la presencia de aquel mísero vagabundo, Cucaracheto abucheaba contra el vagabundo toda clase de calumnias:

  • ¡Aniquilación al vil invasor!

Cucarachín viciado por la furia de aquella masa de cucarachos que se agolpaban unos a otros levantados en alaridos de odio, mientras levantaban su pata delantera en pose de lucha gritaban respondiendo a los gritos de Cucaracheto:

  • Acabemos con el intruso invasor…

Cucarachín corría al lado de Cucaracheto, animado por el ímpetu de Cucaracheto, mientras que Cucarachón, sintiéndose como un niño con juguete nuevo, envestido de algún poder alimentado por aquel sentimiento de grandeza entre los cucarachos de la colonia, durante su avance a la salida de la colonia iban convocando nuevos partisanos a su justa causa, incitaban a todos a unirse en grito de guerra, los cucarachos embriagados por el eufórico sofoco de aquella masa viviente se  iban sumando, ya eran un centenar de cucarachas que formaban el batallón para acabar con aquel pobre diablo que ahora se había convertido en la amenaza de la prospera colonia.

Cucarachón a la cabeza de aquella amorfa y convulsa masa que se agolpaba en un solo ser, salió al frente y dio inicio a un desproporcionado discurso de la noble causa que defendían del tirano que amenazaba en acabar con las riquezas y prosperidad de toda la colonia, la masa de cucarachos vibraba en una misma frecuencia, ya no importaba el motivo y la causa de la guerra, ahora solo existía la guerra y acabar con el enemigo.

Cucarachón haciéndose al frente y mientras con sus patas delanteras acariciaba sus antenas, sentíase lleno de un poder inmensurable, y dirigiéndose a su batallón daba inicio a su discurso de guerra con estas palabras:

  • Hoy una ha surgido una amenaza para la colonia y nosotros que hemos sido los primeros y que seremos los últimos pobladores de esta tierra tenemos la obligación de defender nuestra existencia y continuidad justo como hasta estos días lo hemos sido y no permitiremos que nada nos quite lo que siempre ha sido nuestro, vamos a luchar y vamos a ganar, ahora vamos todos a la carga.

Cucaracheto trazaba un sonrisa jadeante como de aquel que ahora saborea la satisfacción de haber conquistado el anhelo su corazón, Cucarachín todavía viciado por aquel almíbar de gran animadversión, sentíase extasiado y corría rodeando a Cucaracheto ovacionado el discurso de Cucarachón y adulando a Cucaracheto por haber iniciado la guerra contra el malvado invasor, no paraba de moverse de un lado a otro y levantado los puños de sus patas delanteras, exclamaba:

  • Ahora si vamos a ser los más respetados en toda la colonia, tendremos todo lo que queramos, seremos los reyes de la colonia…

Cucaracheto lo observaba en su falsa complicidad, mientras conservaba su jadeante sonrisa.

  • Ha llegado el momento de tomar lo que me pertenece, dijo a media voz.

Ahora la masa viviente de cucarachos avanzaba hacia las fisuras de salida de la rejilla donde dormía el vagabundo, agolpándose las unas con las otras iban saliendo por los orificios de la rejilla como caudal de aguas negras que se rebosa, la masa viviente de cucarachos invadieron la humanidad del vagabundo, una buena parte de ellas subieron por su cuerpo reconociendo el terreno de la batalla, el vagabundo que yacía en sueño profundo sobre la rejilla de la cloaca no daba el menor indicio de moción, otro grupo recorrían sus manos, moviéndose  rápidamente y en un completo caos, de un lado hacia al otro como aquellos que no saben en dónde están, para donde van o que van a hacer, otro grupo empezó a recorrer por los alrededores del lugar, el último grupo que salió está acompañado de Cucarachón Cucaracheto y Cucarachín, estos se lanzaron en ataque directo a la cara del vagabundo, recorrían sus cabellos, algunos se enredaban en la espesura de sus cabellos y sus barbas, Cucarachón gritaba con gran fiereza:

  • ¡Ataquen… ataquen con todo…!

Los mansos cucarachos atacaban con toda fiereza las barbas del vagabundo, los que aseguraban el perímetro también se aseguraban de recoger parte de las migajas de comida que había dejado el vagabundo caer al suelo. Comiendo de las migajas encontradas en el campo de batalla iban hartando el buche con tanta comida que pronto la pereza invadió el ánimo y con sigilos algunos cucarachos fueron desertando de la campaña con cierto letargo por la somnolencia postprandial.

El contingente que atacaba las manos se aseguraba cuidadosamente de no dejar pizca del delicioso mugre entre las uñas de los dedos del vagabundo, estos ofrecían un delicioso manjar de mermelada de frutas, piel muerta, caspa y todo tipo de residuos, mientras escarbaban entre sus uñas y por un instante el vagabundo movió una de sus manos y todos los cucarachos corrieron alejándose de los dedos de la mano, uno de los cucarachos grito:

  • El enemigo se muestra cobarde a nuestro incesante ataque, corre ve, informa a cucarachón.

El cucaracho que recibió la orden salió en carrera hacia la cabeza del vagabundo donde se encontraban Cucarachón Cucaracheto y Cucarachín, recorrió sobre las roídas vestimentas del vagabundo hasta llegar al pecho, allí entrego el informe recibido a cucarachón.

  • Señor informando desde el frente de las manos, el enemigo se muestra vulnerable al incesante ataque, la victoria está asegurada.

Cucarachón se mostró tan complacido de escuchar aquellas noticias, que en ese instante el mismo se abalanzo sobre las barbas del enemigo y empezó a mordisquearlas con toda la fuerza de su palpo maxilar, Cucaracheto y Cucarachín miraban estupefactos la heroica escena, los cucarachos del frente se agitaba gastando sus fuerzas y sus energías en el absurdo ataque que no infringía el mínimo daño al vagabundo, Cucaracheto y Cucarachín se miraron atónitos, comprometidos ahora por el heroísmo de su comandante y en grito de guerra se abalanzaron también al ataque de las largas y sucias barbas.

Los cucarachos que atacaban los revueltos y malolientes cabellos del vagabundo concentraban su ataque en devorar la espesa caspa del vagabundo, se amontonaban los unos, al lado de los otros, apresurados por el abundante maná que brotaba del cuero cabelludo, por su parte el frente que atacaba el bigote y la comisura de sus labios disfrutaba de los deliciosos  restos de dulces de salsa de mora, mayonesa y pizcas de queso, de repente el labio superior del vagabundo se mueve en acto reflejo, los cucarachos espantados de alejaron, algunos abandonaron sus posiciones y ya con el buche lleno de dulce se alejaban de la batalla para regresar a sus cloacas, uno de ellos exclamó:

  • Lo estamos logrando, continuemos así… pronto venceremos…

Algunos ya somnolientos después de la ingesta nocturna de sus alimentos notaban una irreal guerra y un enemigo ficticio, quizás ya con el buche lleno y el corazón contento, sentíase de vuelta a la realidad y sin anunciarlo se iban retirando del frente de batalla.

Ya quedaban pocos cucarachos en pie de lucha, de los que estaban alrededor del vagabundo uno de ellos se acercó hacia cucarachón y dijo;

  • Yo creo que ya hemos vencido, a fin de cuentas ya todos han comido y están regresando a sus hogares, pronto amanecerá.

Cucarachón en un fiero grito contesto;

  • Cobardes… se retiran de la batalla cuando ya casi tenemos asegurada la victoria… insolente…

Cucaracheto y Cucarachín invadidos por la duda y la inseguridad, con el miedo de contradecir ahora las palabras de Cucarachón, llenos de angustia solo les restaba continuar con esta situación que ellos mismo habían propiciado, Cucarachón continuaba dando órdenes. A lo lejos la cantidad de cucarachos que restaban había disminuido, ahora solo restaban la misma decena de cucarachos enardecidos que habían incitado a la colonia en atacar aquel vagabundo.

Cucarachón continuaba gritando impartiendo órdenes a las exiguas tropas, El vagabundo hacia unos ligeros movimientos como quien saliendo de su estado de profundo sueño, con cada movimiento los cucarachos corrían alejándose del cuerpo del vagabundo, para nuevamente iniciar su ataque de picar los dedos y halar los pelos de sus barbas.

Ya estaba amaneciendo y un búho que regresaba a su nido se apostaba en lo alto de un muro de uno de los edificios del callejón, el vagabundo continuaba girando su cuerpo sobre la rejilla y el suelo que representaban su lecho, ahora el cielo empezaba a cambiar el color azul profundo y oscuro de la noche por un azul ligero que anunciaba el fin de una noche y el pronto inicio de un nuevo día, el sonido de un camión recolector de basura que iba retrocediendo llegaba para colectar el ultimo bote de basura en su recorrido habitual, el pitido del camión que avanza en reversa recorría llenando con sus vibraciones todo el callejón.

Cucarachón anunciaba a sus cucarachos la cercana victoria, aún con fuerzas y energías de sobra:

  • Sigamos atacando…. gritaba con potente vehemencia a sus súbditos

Los cucarachos respondían a las órdenes de cucarachón con una especie de devoción que rasgaba la veneración.

Cucarachín excitado hablaba a Cucaracheto:

  • Ganamos Cucaracheto ganamos… nunca dude de ti, ahora seremos los héroes de la colonia.

Cucaracheto ahora envuelto en un halo de supremacía, se unió con toda la fiereza al ataque definitivo contra el enemigo.

El búho que desde lo alto contemplaba el final de la noche, reposaba su cuerpo mientras con majestuosidad y ayuda de su pico limpiaba y organizaba sus plumas.

Los empleados colectores de basura enganchaban el ultimo bote al camión colector, el retumbar del camión recolectando la basura aumentaban los ruidos y el retumbar en el callejón.

El vagabundo giro ligeramente su cuerpo y levantado la mirada miró hacia el camión de basura, levantando su mano se apresuró a limpiar sus legañosos ojos.

Los cucarachos corrían sobre las ropas del vagabundo como buscando un lugar seguro ante el inminente colapso del coloso.

El vagabundo recorrió su cuerpo con su mirada, todavía incapaz de enfocar su mirada se levantó despacio de la rejilla y con sus manos empezó a sacudir las manchas negras que le recorrían la braga.

Los cucarachos salían al galope y se lazaban desde lo alto del cuerpo del vagabundo.

Cucarachón y Cucaracheto desplegaron sus alas y aterrizaron en el suelo, Cucarachín bajó a todo galopar recorriendo las vestiduras del vagabundo hasta alcanzar el suelo y se unió a sus supremos comandantes.

El camión de basura se iba alejando y también el vagabundo, quien como atendiendo a un despertador matutino daba inicio a sus responsabilidades cotidianas, quizás ya era el momento de ganar el dinero del tabaco.

Los últimos cucarachos ahora en compañía de Cucaracheto, Cucarachón y Cucarachín celebraban la victoria.

La noche había sido generosa pero un último bocadillo antes de dormir para cerrar la abundancia de la noche, desplegando sus alas y en rampante picada el búho atrapo con sus garras al enorme Cucarachón, solo la fuerte y veloz corriente de aire pudo dar testimonio a los cucarachos que estaban presentes, ahora aquel búho posado en lo alto de los muros se deleitaba con un jugoso bocadillo para terminar la noche.

Cucarachón mirando atónito a Cucarachín y al resto de los cucarachos, dijo:

  • Es mejor que vayamos a dormir, pronto amanecerá.

Dicho esto se apresuró en adentrarse entre la rejilla a las profundidades de las cloacas.

 

FIN