Paseo al Cielo 3

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Era una verde y extensa pradera, al horizonte se podían observar los inmensos árboles que parecían protegerla, los grandes árboles se levantaban los uno juntos a los otros, al mirarlos en el horizonte impenetrables algo me indicaba que hasta allí debía llegar, me sentí muy satisfecho, cuando empecé a caminar sobre las hierbas, estas me dejaban una agradable sensación en la planta de mis pies, la hierba estaba húmeda cubierta con ligero rocío de agua fría, las puntas de las hierbas me causaban unas cosquillas que subía por mis piernas y se disolvía en todo mi cuerpo hasta llegar a la punta de mis dedos, por primera vez sentía la fuerza vital de la tierra recorriendo mi ser, sí, realmente está viva.

Eran dos hombres morenos uno delgado de estatura media, el otro era robusto y alto, este llevaba puesto un sombrero, muy dedicados a sus labores, con una confianza y una destreza que solo los maestros podrían alcanzar, era muy entretenido ver a aquellos dos hombres entrelazando sus cordeles, ambos estaban inclinados mirando hacia abajo, cuando note con que los cordeles los estaban atando a una especie de anclajes de madera que ya habían fijado al suelo, ¿pero cómo es posible están pescando? me pregunte para mis adentros, pero si esto es una pradera, pensé, al acercarme un poco más pude notar para mi asombro que los hilos de cordel no bajaban a ningún pozo o lago, todo por el contrario  subían al cielo, habían muchos cordeles que subían hasta el cielo de aquel lugar, mire a mi alrededor y observe que realmente habían muchos, estaba muy bien distribuidos cada anclaje de madera formaba pequeños cuadritos todos dentro de  un cuadro, que sitio tan hermoso digno de ser visitado alguna vez en la vida, mi alegría era tanta en ese momento que me olvide de los dos pescadores, mi rostro sonreía mirando al cielo, pero mayor fue mi asombro cuando mire hacia arriba, los peces estaban allí, estaban nadando en el cielo de aquel lugar, se movían como danzando en perfecta armonía, como todo lo que ocurría allí, no podía esperar más, baje mi mirada hacia el pescador delgado, este alzo su miranda y me sonrió levantando su mano en gesto de bienvenida, acelerando mi paso me acerque hacia él, mi corazón latía lleno de alegría.

  • ¿cómo se llama este lugar? Pregunte

El pescador con toda serenidad me contesto;

  • Este es el parque de los enamorados.

Explicando me dijo; aquí vienen las parejas enamoradas para jugar con los peces, ellos serán tus guías, tomas un cordel y ellos te elegirán a ti, te enseñaran cosas que debes aprender. Pregunte si aun estando yo solo podría jugar en el parque, el sonrió y me respondió que si, como quisiera en algún momento traer a mi esposa para que pudiéramos disfrutar juntos de la belleza de este sitio, el volvió a sonreír y bajando su cabeza para continuar con su trabajo me dijo;

  • Puedes tomar el cordel que gustes

Camine algunos pasos más adelante hacia donde estaba el segundo pescador, el acababa de terminar de instalar otro cordel, levanto la mirada y me miro, yo lo mire y con un gesto pedí  permiso para tomar el cordel que terminaba de instalar, el asintió con la cabeza, me acerque despacio y con mi mano derecha tome el cordel, cuando lo tome volví mi mirada hacia el cielo miraba los peces danzar, eran peces que no había visto, llenos de vivos colores, adornados con sus graciosos movimientos, algunos eran grandes otros más pequeños, habían de todos los tamaños y colores, paciente esperaba en saber cuál de aquellos peces me elegiría a mí, de repente diviso en lo lejos un inmenso pez que se acerca, viene nadando muy rápido los demás peces se van uniendo a él, adornando su llegada, cuando está ubicado sobre mi cordel empezó a dar vueltas alrededor, era realmente inmenso con colores muy vivos, rojos, violetas, amarillos, sus ojos me miraban, me observaban me detallaban yo igualmente lo miraba, sus ojos estaban llenos de alergia y fantasía, seguía nadando a mi alrededor, luego muy lentamente se acercó a mi cordel y lo tomo con su boca, yo pude sentir en el pulso de mi mano la señal de que podíamos empezar a jugar, yo asentí con mi cabeza aun mirándolo, empecé por extender mi brazo suavemente y el gran pez nadó girando en sí mismo en ese sentido, era muy divertido poder jugar con él, luego hice un semicírculo con mi mano el cual el gran pez seguía, hecho esto entendí que la idea era divertirme como niño, así que empuñe con fuerza el cordel y empecé a correr lo más rápido que pude,  el gran pez seguía mi paso saltando y girando por fuera del agua, y cada vez que saltaba dejaba caer pequeñas gotitas de rocío que inundaban el aire y todos allí parecían disfrutar de esto, la suave y fresca brisa  acariciaba mi rostro era como lavar mi espíritu, corrí hacia un lado y luego giraba y volvía a correr, así lo hice una y otra vez era como elevar una cometa, una cometa llena de vida, después de un rato me detuve a contemplarlo todo.

Con mi mano continúe jugando con el pez, cada vez más despacio hasta que me detuve, seguía contemplando todo el escenario, luego mirándolo fijamente a los ojos me despedí del gran pez con una sonrisa, él podía sentir mi alegría, soltó de su boca el cordel y giro lentamente para acelerar a toda velocidad saltando y girando sobre el cielo de agua, continuaban cayendo las gotas de rocío por toda la pradera,  me acerque nuevamente al pescador alto entregando el cordel en sus manos lo tomo y nuevamente lo coloco de donde lo tome.

  • Muchas gracias, dije aun sonriendo y mirando hacia arriba.

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