El Amor

El Amor

El más poderoso de los sentimientos que por su complejidad es necesario algunas veces toda una vida para entender su naturaleza y significado. Los seres humanos somos mente, cuerpo y alma, y cada una de estas dimensiones posee también sus propias percepciones del amor, sin embargo, para mí el amor es acto de valor que exige sacrificio, fe y esperanza, para efectos de mi blog, este articulo está basado en mi preferida historia de amor, Turandot, espero la disfruten y consigan sus propias conclusiones.

 

Turandot

TURANDOT

Turandot es un nombre de origen persa que significa la hija del turan, y esta historia está basada en el poema las siete princesas sabias de Nezamí Ganyaví, considerado el más grande poeta épico y romántico de la literatura persa.

Este poema relata la historia de un príncipe persa de la época Sasánida, que tenía 7 princesas, cada una de ellas proveniente de un lugar distinto: Egipto, China, Rusia, Grecia, Turquía, India y Asia central. Una de estas princesas, no encontraba ningún hombre que fuera digno de ella, y por eso se encerró en una fortaleza y declaró que se entregaría al hombre que la encontrara y pudiera resolver una serie de enigmas. Pero una vez resueltos los enigmas, debía pasar por su “puerta secreta guardada por misteriosas espadas que amenazan con decapitar al intrépido”.

Adaptada en una ópera de tres actos con música de Giacomo Puccini y libreto en italiano de Giuseppe Adami y Renato Simoni, inconclusa por la muerte de Puccini, fue completada por Franco Alfano y estrenada el 25 de abril de 1926 en La Scalade Milán.

 

Acto I

Cuadro I

En la primera escena el pueblo de Pekín escucha la proclama de uno de los mandarines del emperador (“Popolo di Pechino…”Pueblo de Pekín…“), por la que hace saber que la princesa se casará con aquel príncipe que responda correctamente los tres acertijos impuestos por su majestad. De no hacerlo así, el pretendiente morirá.

Paso seguido, se comunica que el Príncipe de Persia ha fallado; por lo tanto, morirá al salir la luna. La gente acude en masa a tal acto. Llega entonces a la ciudad un anciano ciego, acompañado por una mujer que lo guía. Entre la multitud, el ciego cae al suelo y es recogido por otro desconocido, que inmediatamente le reconoce como su padre: se revela entonces que el ciego es en realidad Timur, rey de los tártaros, quien, tras perder la batalla, fue exiliado junto a una esclava, Liú, que le sirve de guía y mendiga por él. El desconocido que le recoge no es otro que Calaf (cuyo nombre se descubre al final de la ópera, conociéndose a lo largo de ella como “el ignoto” “el desconocido”), el príncipe tártaro, quien, ante el gesto de la esclava, pregunta por qué tan noble acto, y ella responde tímidamente “porque un día, en palacio, usted me sonrió”.

El verdugo Pu-Tin-Pao aparece ante el clamor del pueblo, que canta sobre la sangre derramada en el reino de Turandot, la princesa. Todo es jolgorio hasta que aparece el príncipe de Persia, joven apuesto y sereno, y el pueblo enmudece de compasión; enseguida piden piedad por su vida (“O giovanotto! Grazia, grazia…” “¡Oh joven! Gracias, gracias…”). El desconocido príncipe que había ayudado a su padre en las calles observa con horror el espectáculo, y se une al pueblo despreciando tan cruel acto. Pero es allí cuando hace su aparición la princesa, quien, con un gesto inmisericorde, ordena al verdugo que prosiga con la ejecución, y vuelve a sus aposentos. El príncipe de misterioso origen cae completamente cegado ante la belleza de la princesa (“O divina bellezza! O meraviglia!” “Oh divina belleza, Oh maravilla”), de tal forma que decide quedarse allí y, sin escuchar las súplicas de su padre y de la esclava para entrar en razón, decide probar su suerte para conquistar el corazón de la princesa. Cuando se dispone a golpear el gong tres veces para entrar a la prueba, tres ministros del emperador, Ping, Pang y Pong, le cortan el paso para intentar convencerlo de que no se arriesgue por algo así, ya que, de todas formas, Turandot es solo una mujer y, siendo él tan poderoso, podría conseguir mujeres a montones.

En ese momento, algunas cortesanas aparecen pidiendo silencio. Liú, la esclava, ruega otra vez al príncipe que desista, es uno de los momentos más dramáticos y cautivadores del primer acto, (“Signore ascolta” “Señor escucha”). Pero el príncipe le dice que ya es tarde (“Non piangere Liù” “No grites Liù”), y que lo hará de todas formas, por lo que le pide que acompañe a su padre antes de dirigirse al gong gigante montado en el escenario, y lo golpea tres veces.

 

Acto II

Cuadro I. Cerca del palacio del Emperador

Los tres ministros, Ping, Pang y Pong, narran sus desventuras y las situaciones por las que han tenido que pasar por el capricho de la princesa, en un acto más liviano para el espectador. Hacen un repaso de los distintos pretendientes que la princesa ha tenido y los tres cantan para finalizar, poder por fin volver un poco a sus hogares para descansar, tras un final feliz con casamiento y poder lograr así un poco de paz para China. Desde el palacio les anuncian que se presenten para el enésimo pretendiente, lo que nos lleva al cuadro II.

Cuadro II. Palacio del Emperador

Llegan los ministros, los guardias y cortesanas se aprestan a la llegada del emperador, quien preside la ceremonia, aclamado por el pueblo. Él mismo intenta advertir y detener al príncipe, deseando querer parar con el baño de sangre y no queriendo cargar con el peso de la joven vida, pero recibe la negativa del solicitante. El mandarín lee nuevamente la ley impuesta al perdedor, quien deberá morir si falla.

Turandot aparece en escena y explica el porqué de su fría actitud frente a sus pretendientes (“In questa reggia…” “En este palacio…”). Una de sus antepasadas, la princesa Lou-Ling, fue violada por un extranjero y dejada por muerta. Ella desea vengarla entonces, imponiendo su prueba mortal a todos los príncipes que vienen de distintos reinos para conquistarla. Luego, Turandot misma formula los enigmas.

El primero es: “En la oscura noche vuela un fantasma iridiscente. Se eleva y despliega las alas sobre la negra e infinita humanidad. Todo el mundo lo invoca y todo el mundo lo implora, pero el fantasma desaparece con la aurora para renacer en el corazón. ¡Y cada noche nace y cada día muere!”. El príncipe piensa y acierta respondiendo: “la esperanza”.

Turandot prosigue: “Surge como una llama, y no es llama. Es a veces delirio. Es fiebre de ímpetu y ardor. La inercia lo torna en languidez. Si se pierde o mueres, se enfría. Si anhelas la conquista, se inflama. Tiene una voz, que escuchas palpitante, y del ocaso, el vivo resplandor”, y la respuesta al segundo enigma es “la sangre”.

Finalmente, temblorosa y perdiendo la compostura, formula el tercer enigma: “Hielo que te inflama y con tu fuego aún más se hiela. Cándida y oscura. Si libre te quiere, te hace más esclavo. Si por esclavo te acepta, te hace rey”.

Al verlo dudar por varios instantes, Turandot ríe de la suerte del concursante. Éste, al observarla directamente a los ojos y contemplar su belleza, se reincorpora triunfante y responde: “Turandot”.

El consejo de mandarines acepta la respuesta como correcta y el reino se regocija, vitoreando al ganador. Entonces, ella clama a su padre por piedad para que no entregue a su hija en manos de este extranjero, pero el emperador contesta que la palabra fue dada. El príncipe, al ver la resistencia de la princesa le propone un nuevo acertijo: si ella adivina su nombre antes del alba, él morirá. (“Dimmi il mio nome e all’alba morirò…” “Dime mi nombre y moriré en la madrugada”). Ella, naturalmente, acepta la apuesta.

 

Acto III

Cuadro I. De noche en los jardines del palacio

Turandot ordena que habrá pena de muerte a todo el mundo que sepa el nombre del príncipe y no lo diga. Los guardias recorren las calles entonces, pidiendo que nadie duerma en Pekín. El príncipe entonces canta el aria más famosa de la ópera, Nessun dorma (Nadie duerma) en la noche.

Il principe ignoto

 Nessun dorma! Nessun dorma!

Tu pure, o Principessa,

Nella tua fredda stanza

Guardi le stelle

Che tremano d’amore e di speranza.

Ma il mio mistero è chiuso in me,

Il nome mio nessun saprà!, no, no

Sulla tua bocca lo dirò!…

(Puccini: Quando la luce splenderà!)

Quando la luce splenderà,

(Puccini:No, no, Sulla tua bocca lo dirò)

Ed il mio bacio scioglierà il silenzio

Che ti fa mia!…

 Voci di donne

Il nome suo nessun saprà…

E noi dovremo, ahimè, morir, morir!…

 Il principe ignoto

Dilegua, o notte!… Tramontate, stelle! Tramontate, stelle!…

All’alba vincerò!

vincerò! vincerò!

El príncipe desconocido

 ¡Que nadie duerma! ¡Que nadie duerma!

¡Tampoco tú, oh Princesa,

en tu fría estancia

miras las estrellas

que tiemblan de amor y de esperanza…!

¡Mas mi misterio está encerrado en mí!,

¡Mi nombre nadie lo sabrá! No, no

Sobre tu boca lo diré

(Puccini: Sólo cuando la luz brille)

Cuando la luz brille

(Puccini: ¡No, no, sobre tu boca lo diré!)

¡Y mi beso fulminará el silencio

que te hace mía!

Voces de mujeres

¡Su nombre nadie sabrá…

Y nosotras, ay, deberemos, morir, morir!

 El príncipe desconocido

¡Disípate, oh noche! ¡Ocúltense, estrellas! ¡Ocúltense, estrellas!

¡Al alba venceré!

¡venceré! ¡venceré!

Ping, Pang y Pong se presentan nuevamente intentando convencer al príncipe otra vez para que termine con esto, intentando ofrecerle mujeres y riquezas, pero él sigue firme en su decisión de conseguir lo que se propuso. Los guardias, entonces, encuentran a su padre, Timur, y a Liú, a quien amenazan de muerte para que revele el nombre del príncipe. Llega la princesa y Ping, quienes, a través del verdugo, empiezan a torturarla, pero Liú, entonces, declara que ella sabe el nombre, pero se niega a declararlo incluso diciendo que pueden torturarla hasta el cansancio, pero ella no cederá. Turandot pregunta a Liú el por qué? de su fuerza interior para soportar tal dolor (“Chi posse tanta forza nel tuo cuore?” “¿Quién puso tanta fuerza en su corazón?”), a lo que la esclava responde que es el amor (“Principessa, l’amore!” ” El amor, princesa”). Le brinda entonces, según sus palabras, su amor a su señor mediante el silencio del amor inconfeso, agregando que si ella le revela el nombre, también dará su amor y ya no le quedará nada. Le advierte incluso a la princesa que ella también caerá rendida a su amor, y en un acto final de sacrificio por amor (“Tu che di gel sei cinta”), toma una de las armas de los guardias a su lado y se suicida. El coro de la gente de Pekín grita “Parla! Parla! Il nome!” “Habla! ¡Habla! El nombre!”, mientras Liú muere en brazos del príncipe, manteniendo su palabra hasta el final. Su padre, Timur, se retira junto al cuerpo de Liú, quien es trasladado por los guardias a su morada final. Perturbado por el acontecimiento, el príncipe enfrenta a Turandot recriminándole su frialdad al derramar sangre inocente (“Principessa di morte, Principessa di gelo!” “Princesa de muerte, princesa de hielo!”) y agregando que su “hielo es una mentira”. Tras una larga conversación, el príncipe logra besarla, quebrantando la rígida actitud de la vengativa monarca, al punto de que acepta su derrota, pidiéndole que no la estreche entre sus brazos. Finalmente, el príncipe, con resignación revela su nombre: “Io son Kalaf, figlio di Timur” (Soy Calaf, hijo de Timur). Es el amanecer, y suenan las trompetas de palacio.

Cuadro II. En el Palacio

El Emperador se hace presente junto a toda su corte frente a su pueblo (“Diecimila anni al nostro Imperatore!” “¡Diez mil años a nuestro emperador!”), para que su hija, la princesa Turandot revele el nombre del misterioso príncipe. Todos esperan expectantes la respuesta y cuando el momento llega, ella responde a su padre que conoce el nombre del extranjero “Il suo nome è… Amor” (Su nombre es… amor).

El pueblo estalla en alegría, exclamando:

Amor!

O sole! Vita! Eternità!

Luce del mondo e amore!

Ride e canta nel sole

l’infinità nostra felicità!

Gloria a te! Gloria a te!

Gloria!

¡Amor!

¡Oh, sol! ¡Vida! ¡Eternidad!

¡Luz del mundo es el amor!

¡Ríe y canta bajo el sol

nuestra infinita felicidad!

¡Gloria a ti! ¡Gloria a ti!

¡Gloría!

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