La voluntad supera la desidia

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En algunas ocasiones podemos sentir  no hemos llegado a donde queríamos llegar, que no hemos alcanzado nuestras metas, nos esforzamos más y más…  cuanto mayor son las dificultades, mayor es el esfuerzo, y por principio de acción y reacción, mayor será tu desgaste es natural que sientas cansancio, y quizás en algún momento de tu vida sentirás que este se ha anidado en lo más profundos de tus huesos, tanto que desearías simplemente no hacer más nada,  te invade la duda y entonces, no sabrías si realmente valdría la pena volver a  luchar.

Entonces nos enfrentamos al fantasma de la desidia y la desmotivación, una fuerza tan oscura como incompresible, pero si conocemos de las consecuencias y estragos que puede causar en nuestras vidas, este es un punto crucial donde debemos andar con mucho cuidado porque debajo de esto se esconde la pereza, fea y harapienta, que al no permitirte hacer tus cosas trae pobreza y miseria, puesto que es ella quien nutre la pobreza, llegando a pensar  que si volvemos a intentarlo nuevamente caeremos noqueados, siendo este el mayor de nuestros temores y la peor de las situaciones,  la desidia no es algo que llegue en un instante y por una causa en particular, sino más bien un conjunto de causas particulares e independientes que han convergido en un punto de nuestras vidas, propiciando las condiciones ideales que nos arrastran al estado de desidia, es como un parásito, como gusano barrenador que nos ha infectado con su huevo, al cual no le podemos permitir eclosionar, que se desarrolle esta larva, ya que luego esta se alimentara de nuestro propia carne y de nuestro propio ser, cada vez más profundo, deseando hacer de nuestras derrotas y  errores su manjar predilecto, por esto es que así como celebramos cada triunfo, cada conquista, celebremos también de lo aprendido en cada derrota y en cada error, buscando siempre lo mejor en lo peor, manteniendo en mente que siempre nos quedan aún más por realizar y que no hemos terminado, solo nos estamos tomando un momento para reparar nuestra armadura y adiestrar nuestras armas dispuestos a enfrentar cualquier adversidad, vencer la incertidumbre y conquistar nuestros sueños, anhelos e ilusiones, albergando siempre en nuestros corazones las esperanzas de un futuro mejor.

Apóyate siempre en tu voluntad y tu determinación para vencer cualquier situación de desidia pereza o desmotivación, ten en cuenta que el éxito no es cuestión de suerte, siempre se alcanza con tiempo, dedicación y voluntad, asumiendo la responsabilidad de nuestras vidas, manteniéndote siempre alerta y ten en cuenta que lo difícil es empezar, dar el primer paso, pero una vez que hayas dado ese primer paso, ya has empezado, aún el más largo de los viajes empieza con un solo paso, adelante es hora de dar ese paso, ahora has vencido, y ha llegado el momento de disfrutar de la conquista.

Juan Fernandez