El emprendedor

El verdadero origen o raíz de esta palabra aún no está claro, en el castellano proviene del latín, coger o tomar, y se manifestaba como una persona decidida y con determinación en alguna empresa, y estaba mucho más relacionada a personas que se arriesgaban en viajes y aventuras, en el descubrimiento de otras tierras y con ellas sus riquezas.

En el idioma francés entrepreneur, la palabra se usó para nombrar a los constructores, la persona que consigue un contrato y se hace responsable de su cumplimiento, de allí evolucionó hasta utilizarse para nombrar a las personas que por iniciativas propias asumen riesgos económicos en busca de un beneficio.

Ahora bien para efectos de este artículo vamos a utilizar la definición  más elemental de empresa “acción o tarea que demanda esfuerzo y que es difícil de hacer”.

el emprendedor es aquella persona que toma del entorno los recursos y los moldea a partir de ellos sus ideas hasta el punto de materializar sus más profundos y sinceros deseos, y aunque no sea económico su principal objetivo, inevitablemente el emprendimiento te va a generar un beneficio económico, cuando eres capaz de tomar una idea,  materializarla y compartirla con el mundo, entonces en ese sentido un carpintero, albañil, músico, ingeniero, profesor, sea cual sea nuestra profesión todos tenemos la capacidad de ser  un emprendedor.

El emprendimiento se inicia con nuestros deseos, anhelos y ambiciones, como cuando niños soñábamos con lo que queríamos ser cuando grandes, cuando no sentíamos ningún temor y nos dejábamos llevar por nuestras imaginación y creencias, siempre inquietos y buscando algo nuevo con que divertirnos, rediseñando cada nuevo día queriendo siempre encontrar una aventura nueva, nunca nos quejábamos de nada y si nos caímos y nos raspábamos la rodilla quizás llorábamos un poco, íbamos donde la mamá un rato a que nos consolara, pero apenas todo pasaba, enseguida volvíamos al mismo punto para retomar lo nuestro.

Nuestro futuro depende de lo que creamos hoy de nosotros, nuestras experiencias, malas y buenas, de las circunstancias que han moldeado nuestros hábitos, de eliminar ese estado de confort que nos mantiene literalmente es suspendidos en el tiempo, es hora de despertar, estamos dejando de tener iniciativa propia , el deseo de seguir aprendiendo, de abrazar nuestros sueños, el luchar por alcanzar nuestras metas, es momento de sentirnos orgullosos de nuestra identidad, de empezar a vivir bajo nuestros propios términos, alinearlos con nuestro propósito,  superar los temores, hay que seguir aprendiendo, investigar, preguntar,  tenemos que buscar y encontrar los recursos necesarios para la materialización de nuestros sueños, traerlos a la realidad y compartirlos con el mundo, porque el mundo necesita más soñadores, el mundo necesita más emprendedores.

 

Juan Fernández

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