Quien engancha?

Once

PASEO AL CIELO

 

Debe ser el primer recuerdo de mi infancia, estaba sentado en la acera de la calle con mis pies descalzos, vistiendo solo una pantaloneta color azul, era una noche oscura, las primeras lluvias daban paso a las heladas corrientes de aire provenientes de los nevados de la sierra que se mezclaban con el vaho de la caliente tierra recién mojada, absorto observaba las hormigas realizar su trabajo, formaban una interminable hilera que parecía no tener inicio o final, avanzaban en perfecta organización transportando enormes trozos de hojas frescas, maravillado estaba yo de ver como algunas acarreaban hojas que excedían varias veces su tamaño, levanté la mirada hacia la puerta de mi casa, observé que papá salía apresurado con la camisa a medio vestir y torpemente trataba de meter uno de sus brazos por la manga que parecía no existir, mi reflexión de las hormigas y su comportamiento perdió toda atención, me levanté y regresé a casa en una corta carrera, pero me adentre con un andar tranquilo, después de un par de segundos de haber recuperado el aliento empecé a buscar a mi madre, me acerque a la cocina y no estaba, fui hasta su habitación y allí estaba, mamá tenía una maleta sobre su cama, no dije nada, solo me acerque sin hacer ruido y me detuve bajo el umbral de la puerta, desde allí la observaba, parecía un poco apresurada, tomaba algunas cosas de aquí y otras de allá y las iba colocando dentro de una mediana maleta de cuero color café, y otras en un pequeño bolso, mi hermano dormía en la cama sobre la colcha de su cuna ubicado al lado de la maleta, mamá parecía bastante ocupada así que decidí no interrumpirla, salí hasta la sala, y me senté en la pequeña mecedora de mimbre, el helado aire entraba y atravesaba la sala saliendo apresurado por la puerta trasera, mamá salió entonces y se apresuró en cerrar las puertas pidiéndome que fuera a dormir,  fui hasta la habitación y me acosté sobre la cama, pensaba en el motivo por el cual habría salido papá en ese estado, miraba el cielo a través de los barrotes de hierro de la pequeña ventana, la noche se hacía más fría y oscura, acostado pero despierto y con los ojos abiertos esperaba que papá regresara pronto, esperando me quede dormido.

No salía aún el sol cuando escuché la voz de mamá que me hablaba al oído, diciendo;

  • Despierta hijo.

Me decía suave al oído mientras acariciaba mis cabellos, mis ojos se abrían con pesadez, no podía vencer el sueño, mamá continuaba acariciándome los cabellos y hablándome al oído, hasta que al fin pude despertar, ella me colocó un pantalón, una camisa y calcetines, los zapatos estaban a un lado sobre la cama, me levante y termine por colocarme los zapatos, mamá esperaba por mí, entonces me tomo por la mano para ayudarme a caminar, la somnolencia me lo impedía, salimos de la habitación, al salir estaba la maleta y el bolso que mamá había empacando la noche anterior, ahora lo entendía, nos íbamos de viaje, mamá regreso a su habitación y regresaba con mi hermano sobre sus brazos, tomo el bolso y cruzo la larga asa sobre sus hombros mientas cargaba a mi hermano con un solo brazo, cuando salimos, un taxi esperaba por nosotros, era Don José, un vecino a que laboraba como taxista, bajo del vehículo dejando las intermitentes luces de parqueo encendidas, se acercó y después de dar los buenos días a mamá levanto la maleta de cuero y la colocó dentro del baúl, yo seguía mirando las brillantes y titilantes luces del vehículo, mamá apretó mi mano para atraer mi atención, ya tenía el bolso cruzado y cargaba a mi hermano envuelto entre sabanas, aquella imagen la contemplaría por mucho tiempo.

  • Vamos hijo.

Me dijo con una ligera sonrisa, cuando mi mirada atendió a su apretón de mano, subimos a la parte trasera del taxi, Don José subió y encendió el vehículo y empezó a conducir, estaba ya bastante despierto para ese instante, la brisa era ahora helada y entraba por las ventanas a medio subir como ráfagas de hielo, mamá se apresuró en cerrar la suya, el alba aún no asomaba, mi madre no decía nada, Don José por su parte se limitaba a conducir, no preguntó hacia donde nos dirigíamos, supuse que ya sabía a donde nos llevaría, miraba por la ventana del taxi, las calles estaban solitarias y la niebla aún se podía observar a lo largo de carreteras, tomamos luego una de las avenidas principales hasta que llegamos a un lugar atestado de gente, persona llegaban, otras ya estaban allí, habían vendedores de café tinto, algunos hombres se agrupaban y encendían cigarrillos, alguien decía algo y ellos todos reventaban en carcajadas, había una especie de mercado, algunos vendedores salían de allí empujando enormes carretillas llenas de frutas o verduras, detrás de todo aquel tropel de personas habían buses que estaban en servicio, algunos  pasajeros iban abordando, Don José detuvo el taxi cerca de donde se encontraban los buses, bajamos del taxi mientras Don José bajaba la maleta, nos acercamos hacia donde estaban los buses, mamá se dirigió a uno de los señores que estaba en el grupo de los que fumaba, hacían algunos gestos de aceptación, luego el señor señalo con su mano hacia uno de los buses, yo esperaba a cierta distancia del señor José atendiendo nuestro equipaje, mamá desde donde se encontraba señaló a Don José el bus y el acarreo la maleta hacia un lado del bus, yo lo seguía, una vez allí, se acercó un muchacho joven y nos preguntó;

  • ¿Cuántos?
  • Dos, respondió Don José.

Entrego la maleta al joven ayudante, este la guardo y nos entregó dos boletos, mamá ya estaba junto a nosotros, Don José entrego los dos boletos a mamá, y ella le agradeció por su colaboración, pago el servicio de taxi sacando un billete de su bolso, mientras sostenía a mi hermano junto a su pecho.

  • Que tengan buen viaje.

Respondió Don José dejándonos listos para abordar aquel bus, mamá me mira buscando algún tipo de cuestionamiento, pero solo me limite a guardar silencio, ella al notar mi silencio me dice;

  • Ven, vamos a subir.

Subimos al bus, primero subí yo y ella me seguía, me sentí de cierta forma emocionado era casi una aventura para mí, empecé a mirar a todos los pasajeros el bus estaba a medio llenar, iba mirando los puestos disponibles para ver en cual nos ubicaríamos, hasta que vi un par de asientos desocupados corrí y me senté del lado de la ventana, desde allí mire hacia afuera y esta vez en total panorámica la agitación de las personas presentes allí, ya aquí no podía escuchar sus voces o sus carcajadas, gire la mirada hacia mamá que se acercaba guardando los boletos en su bolso, le sonreía mientras ella se sentaba y acomodaba su bolso que ahora lucía un poco pesado.

  • ¿Quieres comer algo? me preguntó.
  • No, respondí.

Se sentó y acomodó su bolso en la parte baja de los asientos, extendió la silla hacia atrás y se sentó, ya habíamos salido de la ciudad, ya en zona rural el viaje se hacía entretenido, en las sillas de atrás iban un niño y una señora, el niño llevaba un periquito verde que a veces se venía caminando por el piso del bus hasta nuestro puesto, el niño luego llegaba en su búsqueda colocando su dedo cerca del periquito que se subía con ayuda de su pico en su dedo del niño como si fuera una rama, eran esas las partes divertidas porque mi mente era una tormenta de pensamientos que no cesaba, aliviado solamente por la serenidad de los paisajes y la claridad de la inmensa montaña adornada con su corona de color blanco nieve.

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