Ekuneil

serpiente

El día había sido duro como siempre, la tarde gris y fría, morían los últimos rayos del sol, ahora sentía John que revivía, su palpitante corazón llenaba de sangre y calor y color su antes pálido rostro, caminaba con un paso firme y constante, sin disminuir ni detener su andar, levantando su mano derecha sobre su cabeza  colgó su bandolera de cuero, cruzando el asa plana sobre su cuerpo, las calles estaban húmedas y escurrían el agua remanente de una lluvia torrencial, las atestadas calles de un pesado, lento y absurdo tráfico, los andenes atestados de personas que se movían en dos direcciones, el muelle de abordaje al autobús formaba un cúmulo de gente, con la paciente calma del resignado, masa viviente que lucía inerte, John miraba el ausente vacío, interpretaba silencioso sus pensamientos, recreaba en su mente la llegada a casa, el aroma y la calidez y el color de su hogar, su hija estaría realizando las tareas de la escuela, cuando llegue tendrá que revisarlas, su esposa estaría sentada frente a su hija, vestida con un hermoso vestido de flores, prepararía la mesa y serviría a su exhausto esposo una deliciosa, cena recién reparada, el olor de la comida llenaría de vida su mancillado corazón del día, se sonrojaban sus mejillas y un ligera sonrisa delineaba el contorno de su rostro, el autobús hizo la parada y miro el letrero luminoso que informaba la ruta, estación manantiales, ruta 101, atravesaban las letras luminosas el tablero frontal del autobús, las personas amontonadas pero con calma subían al autobús, algunos puestos estaban desocupados, pero John prefería mantenerse de pie, muchas de las personas sentadas miraban las pantallas de sus teléfonos celulares y los que iban de pies, también, pero John concentraba ahora más su atención en su llegada a casa. El recorrido fue imperceptible, la mente ocupada hace del paso del tiempo un placer, pronto el mismo montón de personas bajaban en la estación manantial, con la misma calma apresurada un desasosiego disfrazado, una mujer se apresuraba en cruzar miraba en la dirección de llegada, no vio el autobús expreso, el viento golpeo el rostro de la mujer que palideció, dio un paso atrás, intentaba recuperar el aire y la respiración, un hombre en la otra acera, justo enfrente, miró con  irritación a la apresurada mujer, el semáforo del peatón cambio a verde y la masa viviente que atravesaban la calle en ambas direcciones se entrelazaba en un orden caótico que definía la posición de cada individuo.

John inicio el recorrido del camino a casa, el mismo camino que había recorrido ya muchas veces, un constante flujo de tenues e imperceptibles cambios habían transformado el recorrido de John, el trayecto era mismo, pero su recorrido ya no lo era, un hombre apenas viejo se acercaba a las pidiendo limosna, era un hombre pequeño, de piel sucia y agresiva apariencia, era viejo o era el reflejo de una sórdida existencia, John ignoró su presencia y continuo con paso determinado, un grupo de jóvenes hablaban y conversaban con el ímpetu y el vigor de la juventud, con un tácita actitud de propiedad y derecho sobre el espacio, algunos transeúnte se desviaban ligeramente del grupo, John atravesó en línea recta sin mirar a nadie, para él no existían las concesiones, el que parecía ser el líder, miró a John que los ignoró, la noche era la dueña del tiempo y la oscuridad su ley, ya estaba cerca de casa, la niebla y el frio de la lluvia ambientaban el final del trayecto, las fuertes lluvias arrastran con sus corrientes lo que encuentra a su paso, cosas insólitas podrían ocurrir, una serpiente enroscada levantaba la cabeza, John ahora detuvo su andar, su hogar estaba cerca, justo detrás de la amenazadora serpiente que enseñaba sus filosos colmillos y sacando su lengua saboreaba el húmedo sabor de la noche, John de pie y sin moverse, bajo su mirada revisando el entorno, cada problema trae su solución y contigo esta su conclusión, a su lado derecho había un palo de rama seca, lentamente John se agacho y con su mano derecha agarro el palo por un extremo, se levantó y lo empuño fuerte con su mano, el ataque seria directo, su ataque será un tercio de su cuerpo es posible que más, hombre y serpiente arremetían contra sí, el golpe debe ser fuerte, conciso y preciso, directo a la cabeza, ataco girando su brazo, el extremo del palo alcanzaba una velocidad que silbaba cortando el frio, húmedo y pesado aire, la serpiente elevaba su cabeza y sus ponzoñosos colmillos destellaban, la colisión era inminente, velocidad, tiempo y espacio eran los precisos, la victoria estaba asegurada, la conmoción era intensa y la parasomnia había sido vencida, John abrió sus ojos con agitada respiración, miro a su alrededor,  su esposa dormía a su lado y su hija se había pasado a su cama quedándose dormida entre ellos.

 

Juan Fernandez

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