El silencio de los andes.

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Mi nuevo proyecto, el silencio de los andes, en construcción, espero pronto empezar a compartir esta historia con ustedes.

Juan Fernandez.

 

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“Carpe Diem”

Aprovecha el día.

No dejes que termine sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber alimentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho de expresarte, que es casi un deber.

No abandones tus ansias de hacer de tu vida algo extraordinario…

No dejes de creer que las palabras y la poesía, sí pueden cambiar al mundo; porque, pase lo que pase, nuestra esencia está intacta.

Somos seres humanos llenos de pasión, la vida es desierto y es oasis.

Nos derriba, nos lastima, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa.

Y tú puedes aportar una estrofa…

No dejes nunca de soñar, porque sólo en sueños puede ser libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso. No te resignes, huye…

“Yo emito mi alarido por los tejados de este mundo”, dice el poeta; valora la belleza de las cosas simples, se puede hacer poesía sobre las pequeñas cosas.

No traiciones tus creencias, todos merecemos ser aceptados.

No podemos remar en contra de nosotros mismos, eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que provoca tener la vida por delante.

Vívela intensamente, sin mediocridades.

Piensa que en ti está el futuro, y asume la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes pueden enseñarte. Las experiencias de quienes se alimentaron de nuestros “Poetas Muertos”, te ayudarán a caminar por la vida.

La sociedad de hoy somos nosotros, los “Poetas Vivos”.

No permitas que la vida te pase a ti, sin que tú la vivas…

Walt Whitman.

Julio Cortazar, Rayuela.

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

Las diez cosas que necesita un escritor según Guillermo Salazar

Réquiem Nocturna

Tengo que dejar en claro una cuestión antes de decir lo que haya que decir: Soy sólo una mota de polvo en la inmensa montaña de lo que es ser un escritor real, un grano de arena en las playas de la literatura. Por lo que muy posiblemente no este en la mejor posición para discutir del tema, pero es mi opinión lo que les dejo y son las normas en las que yo he tratado de guiarme, a veces con éxito y muchas sin el, en mi intento de ser un hombre de letras.

Ya con eso aclarado vayamos al grano.

En primer lugar pienso que hay que dejar en claro la diferencia que hay, y la hay, entre el autor y el escritor… algunos se preguntaran: ¿Qué le pasa a éste loco?, ¿no qué son la misma cosa?

No, no lo son.

El autor es cualquier persona que…

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La Calumnia de Apeles.

La Calumnia de Apeles o solo La Calumnia es una obra pictorica del maestro renacentista Sandro Boticelli en el año 1495, pintura al temple sobre madera que mide 62cm de alto por 91cm de ancho.

Boticelli (1445 – 1510) artista que evolucionó a un estilo naturalista sus obras conjugan la perfección y la destreza con un amable y grato colorido.

A la izquierda del cuadro aparece el rey, quizás el rey Midas, quien será el encargado se dictar la sentencia, rodeado por dos figuras femeninas con los rostros distorsionados que le susurran maldades en sus enormes orejas de burro estas son la sospecha y la ignorancia.

En el grupo central se encuentra un figura masculina representando el rencor, que lleva de la mano a una imbecil joven que representa la calumnia, ajena a todo el ajetreo de su alrededor y en la mano porta una antorcha que hace referencia a como la mentira se extiende con la misma facilidad que el humo. 

Adornando sus cabellos con una cinta blanca aparecen la envidia y el fraude. La calumnia arrastra al condenado que aparece desnudo ya que su inocencia se traduce en el hecho de que no tiene nada que ocultar.

En la derecha, una figura femenina y desnuda, señalando al cielo indica que es alli donde realmente se hará justicia, esa es la verdad, emanando de ella una luz brillante que se extiende por toda el lugar, y a su lado aparece una anciana vestida de negro que se gira para mirar a la verdad, que es la penitencia.